temperada por la realidad
el mismísimo fuego es mi reino
ardo y me consumo -por dentro-
exploto infinita
con brutalidad inequívoca
me reciclo
me rehago
y en medio de la fortaleza
las piedras angulares - de mi vida-
las desalojo
lava que expía
fundo entonces
las memorias de mi carne
las ternuras entronizadas
los sueños tan a piel y maíz
ha de ser bueno todo lo que enseña
he de erigirme nueva -siempre nueva-
ajena y tan obsuramente clara
y tan claramente obscura
que mi mirada refleja exacta
a la de los perros de la calle
que enseñan los dientes
pero se tienden con la cola gacha
a recibir mendrugos de pan
y si acaso la caricia lenta
sobre el lomo y entre las orejas
de nadie que pasa por casualidad
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