pude entender el insomnio del ausente
la sensación de ser apátrida
paria de sí mismo
Sentir atravesar la locura
sabíendose cuerdo
Casi inenarrable
el escalofrío incómodo
angustioso por la espalda
tan distinto al que ruge
bajo las anuencias
de una voz querida
Como duele el exilio
el resplandor que se persigue
entre pasajes oscuros siempre
con la tenue esperanza
de una memoria frágil
azuzada por la fe decrépita
Es la cabeza
la ronda felíz
de una tambora enloquecida
a la que hay que obligar
a entender
que todo era imaginado
Hoy me escinde
la necesidad y la realidad
en la escritura
no entiendo ahora
que sentir
cómo sentir
Absolutamente lúcida
perdida en el laberinto
de mis emociones
ajena de mí
Una loca tan cuerda
que me da miedo
me estoy llamando
tendré que escucharme
antes de perderme por completo
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