sábado, 16 de abril de 2016

Al corazón de la almeja...

Se han desnudado las cordilleras, un viento seco las ha moldeado a su furia voluntad, como canta victoria, como ulula, estremece los hombros y a la vez que destruye, construye. con que violencia marchita y riega fecundidad por los suelos.
También pasó por mi casa, me gustó escuchar como hacía crujir las puertas, las ventanas, esa amenaza de echar todo abajo, me conmueve ese desperezar, ese desperezarme.
Estuve hasta tarde metida entre las cobijas, despierta escuchando todo el alboroto de la mañana, esperando que el sol me tibiara la cara y las manos, que me sacara de la cama obligadamente.
No quiero levantarme, me he dado muchas vueltas, cierro los ojos y los vuelvo a abrir, no quiero que me importe nada ahora. 
Sin más remedio llegó el sol y me lleva como en procesión religiosamente a la ducha, odio el agua fría de primeras, va tibiando y se va diluyendo mi cuerpo bajo el chorro, bonita la hora en donde me da por pensar el agua corre y es como si se llevara la emoción de mis pensamientos, crudos ahora aguantan el agua fría - que ahora si me place y hasta me aprisiona-.
Aqui voy yo, con pensamientos desnudos de mañana, tengo una rebeldía horrorosa, no se me da la gana de nada, no quiero ni siquiera hacer de comer, tampoco me preocupa desde que haya atún y tinto, y vaya maravilla, lo que hay es atún y tinto, así que está bien sentarse en la resolana a mascar con las vacas la vagancia de hoy.
En el fondo estoy triste, es un lio el desorden que dejan las tejas rotas, hoy se vino todo el techo abajo,  nisiquiera fue el viento,  fue la decidia esa maldita comodidad que se imbuye a cualquier promesa.
Esa manía de andar viendo lo bueno en lo desafortunado. Hay cierta malsana satisfacción en regodearse en las advertencias del corazón, y entonces uno se dice, que sabio que me vuelto por no revolcarse en la verguenza de lo torpe que se decide ser.
En secreto uno se rie de uno mismo y se justifica de todas las maneras.
El frio ha hecho su obra, el viento terminó de jugar con mis entrañas para dejarme reluciente.

Borenia Casita, Casita Borenia en la vorágine de su boca, dos minutos del pescadito de la fe sin aire en las fauces de una hembra.

Tiembla el mundo y yo solo quiero dormir, me gustaría ese arrullo.
Tiembla el mundo y sigo de pie, aquí no ha pasado nada

Lo estupendo de ser mujer es la fortaleza, nada más fuerte que una mujer que se ama a sí misma.


No hay comentarios:

Publicar un comentario