Por ti cerraba las orillas de mis ojos, dejaba reventar mis cascabeles
blancos relajada contra mi talud, su vaivén risueño me emancipaba y así abría
para ti las cortinas de mi universo, voluta negra.
Mis deseos iban tras tus ojos en el cielo limpio y libre del reflejo
asincrónico del recuerdo de la tibieza contra la blanca dama, sagaz me tomabas
por el cuello escudriñando mis simas y binaria mi tinta se volcaba para ti, Solitario.
A tu sonrisa, amnésico mi cuerpo de su férrea disciplina desdibujó siempre sus
destinos, inconsciente, tu mutismo odioso secó mis aguas haciéndome volver
atrás.
Ahora las grietas resecas de mi cuerpo filtran el viento que no puede adivinar
mi nombre y me quedo en ti mínima, como algo que muere sin asomar jamás para
humedecer cualquier inocencia.

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