jueves, 17 de noviembre de 2016

De lo cierto...

Me gustan las olas suaves, esas de pasos tranquilos que te llevan a las profundidades sin apenas notarlo,esa danza de ojos, de no bajar la cabeza sin importar la temperatura del agua, el abrazo en la cadencia de las no certezas, creer y venerar la fe.

Apenas recuerdo el amor franco y breve inclinado sobre el brillo de unos ojos dialogantes en su expresión quieta, atenta y hasta dulce, si me preguntara por lo cierto reposa en la blandura de las pupilas y su decir anuente, el atravesar la distancia con una mirada que habla de otro tiempo y lugar ausente de quien le mira,  en la sensación de la caricia del viento que inyecta su humedad contra el rostro que se ansia, o el brillo que se opone a la luz que dormita rumbo a la profundidad de la noche.

Me gusta recordar como se siente enamorarse despacio, de la fascinación en la mano que sostiene el lapicero y la forma de cada una de sus uñas, de las particularidades de su letra, de verle hablar con otra gente en la distancia, del puente a la pregunta del que se hace arquitecto sin saberlo, de los tonos de su cabello bajo las luces tenues, del brillo de sus dientes entre su lengua rosada, de un hombre que se hace poema vivo.  

Cerrar los ojos y acercar el momento en que le sientes cerca para besarte en la mejilla, como ruegas por dentro no se evidencie lo que piensas, la incomodidad con el ruido de tus ojos y toda tonta paciencia que te hace manso inexplicable sin motivo, el desear estar mejor, atreverse a soñar lo imposible, esa ligereza de querer omitir lo que no te va tanto, y el no querer pensar en otra cosa, sonreír sin motivo. 

Hay tanta poesía por todos lados que embellece las laderas de lo incierto, mas poesía no es lo mismo que poema, y el amar está lejos del capricho.




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