Merodeo la noche y hasta allí tu presencia me sigue, en el eco de tu voz andariega de playas inmortalizando tesoros, enterrando huesos - para el olvido- , errante siempre, mentiroso, cuánta sangre me has valido, eso buscabas, nunca supe de tus motivos, convencido, egoísta, necio...
En el puño de la noche, la claridad existe, tal vez el mundo funciona al
revés, sencillo y crudo, naturalmente extraño, del uno, del otro, de
todos. Divaga la mente, los sueños que son trocitos de deseo pletóricos,
sedientos de realización, somos todo ello que negamos, así que esta
bien negar, decir no existes - fuera de mí- por que te me traslapaste al
alma. Alma mía, universo oscuro y azul, belleza indómita, desconocida,
peligrosa, voluble, malcriada, a dónde iré a buscarme,
dónde mis manos, mis ojos, mi boca, mi lengua, sino contigo,
cuando cruce el río con qué le pagaré al barquero y con qué le
respondere a dios que no te pueda desprender de lo más intimo, que soy
sin ser y que el infierno es una mera tibieza, seré culpable de
procurarle al mundo los jardines de tus ojos y ahora que harán las
flores y que importa ya la primavera si tu eres en ti todos los pétalos y
la sangre de la vida.
Me cierras la puerta sin más, me sangra la sed, y lo sabes, y te dicho una y otra vez, que es la última, pero mi mente necesita ritos, necesita interiorizar para seguir adelante, para no quedarme en la amargura de los fantasmas - seguiré buscando el semidios que me colme las ansias de vida-muerte.
Así que perseguiré tu fantasma, lo expugno de los lugares donde inundábamos las madrugadas, lo arranco del piso, del marco de la ventana, de las mesas, de la ducha, de las paredes, de mi boca, de la luz de mis manos...
Te destierro desde ahora y para siempre de mis oidos, de mis ojos enamorados, de esta piel que traduce el braile de tus manos, de la humedad que el aire recita en los aromas, de la boca que te espera, de la sed que te recorre...
Echo fuera la ternura, la súplica única que tengo para ti -arrullame déjame ser mansa en los confines de tu vientre azul poblado de hipocampos...
Vete fuera de mi pelo, de mi pecho de mi sexo,de mis orejas, de mis uñas, de toda yo, de mis vecindades - que son también yo-
Deserta de la vida preciosa, de esperarte, de reír juntos, de discutir alguna vez, de crecer en mí, de buscarle sentidos a la vida, de cuidarnos, de mimarnos, de adorarnos, deserta de esta vida mia dónde lo fuiste todo.
No me esperes jamás que yo no te esperaré más nunca, curaré las heridas de tu desengaño, y permitiré que mi casa se inunde de aire, de luz de rumor marino, por que la vida es demasiado corta para guardar algún luto.
Nunca más iré a buscarte, en las canciones que murmuraban a tu alma, dibujaré otro hombre que se merezca una lágrima, y pretendo ser tanto o más felíz a puchos, a instantes, en otra vida, en otra yo, en otra mujer distinta a la que te amó.
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